25 DE NOVIEMBRE. SIN MIEDO.

noviembre 25, 2025
9 min lectura

En el mundo de las novelas románticas nos encanta un buen flechazo: miradas intensas, frases que derriten, gestos que hacen suspirar… Pero también sabemos, porque escribimos y leemos mucho, que el amor verdadero no aparece acompañado de banderas rojas, amenazas, puertas que se cierran de golpe o «no puedes ponerte eso. Te quiero solo para mí».

Por eso hoy, 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, quiero hacer una pausa entre besos literarios, protagonistas con abdominales imposibles y escenas de tensión romántica, para hablar de algo fundamental: el derecho de todas las mujeres a vivir sin miedo.

¿Qué celebramos, o mejor dicho, qué reivindicamos el 25 de noviembre?

Cada 25 de noviembre el mundo alza la voz para recordar que millones de mujeres sufren violencia física, psicológica, económica, sexual o simbólica. No es un día de celebración alegre, es un día de memoria, lucha y compromiso. Pero también es un día para mirar hacia adelante y decir: esto puede cambiar, esto debe cambiar.

La fecha honra a las Hermanas Mirabal, activistas dominicanas asesinadas en 1960 por la dictadura de Trujillo. Pajitas de papeles no eran; más bien eran huracanes de valentía, mujeres que se enfrentaron al poder y pagaron el precio más alto. Su muerte se convirtió en símbolo global y la ONU estableció oficialmente este día en 1999.

En resumen:
No es solo una fecha; es un recordatorio universal de que el amor no es dolor, y que la libertad y la dignidad no son negociables.

Pero ¿por qué escribir sobre esto en un blog de novela romántica?

Te doy varias razones:

1. Porque el romance sano es un acto político

Las escritoras, cada vez que escribimos un protagonista que escucha, respeta, acompaña o pregunta «¿estás segura?», estás educando emocionalmente a tus lectores.

Y cada vez que escribes un villano controlador que es rechazado por la protagonista, también.

2. Porque la audiencia es mayoritariamente femenina

Las estadísticas indican que quienes leen romance son en su mayoría mujeres. ¿Adivina quiénes son más vulnerables a la violencia de género? Exacto. Hablar de este día es hablar de ellas, para ellas y con ellas. Aunque para muchas, por desgracia, la lucha es diaria.

3. Porque el romance también sirve para desmontar mitos

Si en algo somos especialistas las románticas es en detectar relaciones tóxicas desde lejos… aunque sea en la página 53.

Y sabes que a veces las lectoras vienen de relaciones que no se parecen a las novelas, sino a los capítulos que nunca querrías escribir.

Esos celos extremos que el protagonista masculino, por lo general sería el antagonista, que nuestra heroína lo rechaza. Ese control de vestimenta, móvil, redes sociales, aislamiento como una cárcel, etc. Hay tantas señales que no acabaríamos nunca de enumerar. ESO NO ES AMOR SANO. NO TE QUIERE.

La violencia de género: ese villano que no queremos en nuestras novelas

Si la violencia de género fuera un personaje literario sería:

  • un antagonista manipulador,
  • un villano que siempre quiere controlarlo todo,
  • un ladrón de autoestima,
  • y un experto en hacerse pasar por encantador en el capítulo uno.

De hecho, en la vida real suele presentarse exactamente así.

En nuestras historias románticas distinguimos enseguida cuando el «malote» es solo una fachada y cuando estamos ante una alarma ambulante. La diferencia es clara:

  • Malote literario aceptable: tiene su trauma, pero sabe pedir perdón, cambia sin chantajes y tiene un corazón secreto de algodón de azúcar. Puede amar sin control, con respeto.
  • Malote NO aceptable: revisa tu móvil, te dice cómo vestirte, se enfada si sales con tus amigas, habla mal de tus logros o te culpa de su mal humor.

Spoiler: el segundo no merece un arco de redención, merece ser eliminado del borrador.

Ojalá en la vida real pudiéramos pulsar la tecla de borrar igual de fácil. Pero no es sencillo.

¿Cómo podemos ayudarnos entre mujeres?

Aquí es donde entra esa parte luminosa del 25 de noviembre: la sororidad. Esa palabra tan bonita y tan potente que a veces suena a hechizo de Hogwarts, pero que en realidad significa algo muy simple y muy necesario como el apoyo entre mujeres.

1. Creyéndonos

Cuando una mujer dice « le tengo miedo», «me controla», «me hace sentir pequeña», «no puedo salir», «no me habla bien», «creo que ya no soy yo», «no le gusta que yo» y un larguísimo etcétera…

La respuesta correcta nunca es:

  • Seguro que exageras.
  • A ver qué hiciste para que se enfadara.
  • Los hombres son así.
  • Es que vistes de una manera muy provocativa.

La respuesta correcta es:
«Te creo. Te escucho. ¿Cómo quieres que te acompañe?»

2. No juzgando

Salir de una relación violenta no es fácil.
Ni rápido.
Ni seguro.
Ni evidente desde fuera.

El «yo en tu lugar habría hecho…» no ayuda.
Ayuda:

  • escuchar,
  • validar emociones,
  • ofrecer opciones,
  • estar presente.

3. Ofreciendo información útil

La información empodera. A veces la víctima no identifica la violencia, o cree que lo que vive «no es para tanto» o «es normal».

Podemos compartir recursos (números de ayuda, asociaciones, señales de alarma…).
Podemos recomendar lecturas, vídeos o contenidos que desmonten mitos románticos tóxicos.
Podemos acompañar sin ser invasivas.

4. Recordando que el amor NO duele

No hay frase más importante.

Hay amores que transforman, que sostienen, que elevan.
Y hay vínculos que desgastan como si fueran una lima emocional.

Ayudémonos a recordarlo. A repetirlo. A tatuarlo en el alma si hace falta.

5. Cuidado con esas historias tóxicas que leemos

Es más normal entre las lectoras más jóvenes. Romantizar a un macho alfa sacado de una novela de romance oscuro que castiga a la protagonista, la utiliza como quiere (en todos los sentidos),… No es bueno.

No saben diferenciar lo ficticio a lo real. Y eso es muy peligroso.

Violencia no es solo un golpe: señales que solemos ignorar

Como buenas lectoras de romance, sabemos que las palabras son armas de construcción o destrucción masiva.

Aquí te dejo una guía ligera para detectar señales que indican relación tóxica o violenta:

1. El «crítico profesional no solicitado»

  • Ese vestido no te queda tan bien.
  • Esa falda es muy corta y llevas mucho escote.
  • No entiendo por qué hablas así.
  • Esa amiga tuya no me gusta.

No, cariño. No es un editor haciendo observaciones técnicas.
Es control.

2. El «fantasma que aparece solo cuando quiere»

Desaparece por días, pero vuelve exigiendo atención inmediata.
No es un protagonista misterioso.
Es un irresponsable emocional.

3. El «se supone que soy tu prioridad»

Te hace sentir culpable por tener vida propia.
Lo siento: eso no es amor. Es secuestro emocional.

4. El «si me quisieras, harías…»

Manipulación en su versión premium.

5. El «no me provoques»

Alerta máxima.
Aquí ya no hay humor, porque eso es violencia psicológica pura.

6. El «lo hago por tu bien»

Cuando algo se hace por tu bien, pero no se siente bien… mala señal, querida lectora.

¿Cómo podemos ayudar desde el mundo del romance?

Una escritora romántica tiene un poder enorme. Lo que escribe influye. Moldea ideas. Rompe estereotipos.

Aquí tienes algunas maneras de aportar desde la trinchera literaria:

1. Escribir relaciones sanas

De sexy a respetuoso.
De irresistible a consensuado.
De atractivo lo emocionalmente disponible.

2. Desmitificar el «amor que todo lo cura»

El amor cura, sí… pero no lo inaceptable.
No el abuso.
No la falta de límites.
No la desigualdad.

3. Mostrar que pedir ayuda no es debilidad

Los personajes pueden ser valientes y vulnerables.
Pedir ayuda es un acto de fortaleza.

4. Dar espacio a la sororidad en las tramas

Las mejores amigas que se sostienen, apoyan, acompañan.
La familia elegida.
Las redes de amor cotidiano.

5. Mostrar diversidad de mujeres

Todas importan.
Todas merecen vivir sin miedo.

¿Y nosotras? ¿Qué podemos hacer en nuestra vida diaria?

1. Hablar

Romper silencios.
Desnormalizar bromas machistas.
Cuestionar conductas.
Conversar con amigas, parejas, hijos, lectores.

2. Denunciar si es seguro hacerlo

Y si no lo es, buscar alternativas.

3. Acompañar

A veces basta con: «Estoy aquí. Te escucho».

4. Informarnos

El conocimiento es poder.
Y poder + sororidad = revolución.

5. Contactar con comunidad preparada

Hay asociaciones que ayudan a mujeres en caso de violencia, servicios sociales, policía local o llamar al 016.

Dicen que todos tenemos un «tipo»:

  • Alto, bajo, de ojos claros…
  • Con moto, sin moto…
  • Con trauma, sin trauma (aunque en romántica casi siempre con trauma, para que el arco narrativo dé juego).

Pero hay algo que debería estar en la lista de requisitos indispensables: que sume, no que reste.

Porque si en una relación tú eres la protagonista, él no puede ser el villano.
Como mucho, un secundario gracioso que trae cafés y te da masajes en los pies cuando llevas horas escribiendo.

Uno que, cuando discuten, dice cosas como:

  • Lo siento, me equivoqué.
  • Hablemos cuando estemos tranquilos.
  • ¿Cómo puedo ayudarte?

Y no cosas como:

  • Estás loca.
  • Sin mí no eres nada.
  • Si me dejas, no respondo.
  • Si no eres para mí, no serás para nadie.

Ese, querida, no es tu hombre. No es un hombre.
Es un plot twist que hay que editar fuera del manuscrito de tu vida.

¿Cómo cerrar este día con esperanza?

El 25 de noviembre no es un día para la tristeza, aunque hablemos de cosas duras. Es un día para la conciencia, la memoria, la acción y, sobre todo, la esperanza.

Esperanza de que las nuevas generaciones entiendan el amor desde la igualdad.
Esperanza de que cada vez haya más recursos, más apoyo, más leyes que funcionen.
Esperanza de que ninguna mujer tenga que elegir entre amar y estar a salvo.

Y esperanza de que, desde nuestros espacios (literarios, creativos, digitales) podamos aportar un granito de arena.

Conclusión: Amar sin miedo es un derecho, no un privilegio

Por eso, como lectoras tenemos una voz potente y poderosa. Usémosla.

No solo nos enamoramos de los personajes; también podemos enamorarnos de la idea de un amor sano, libre, respetuoso.
Un amor que no duele.
Un amor que no encarcela.
Un amor que acompaña.

Y quizá, solo quizá, alguien que lea encuentre en esas palabras el impulso para reconocer que se merece algo mejor.
Algo tan grande y luminoso como las historias de amor que leemos.